La makana, uno de los tejidos más emblemáticos del Azuay y parte del patrimonio cultural inmaterial del Ecuador, se convirtió también en protagonista de un espacio gastronómico en pleno Centro Histórico de Cuenca. Sus colores, formas y textura fueron incorporados en el tapizado de las sillas de La Placita, la cafetería-restaurante del Hotel Santa Lucía, creando un ambiente donde diseño, historia e identidad cuencana se encuentran desde el primer vistazo.

El detalle cobra aún más valor en una ciudad cuyo Centro Histórico fue inscrito por la UNESCO como Patrimonio Mundial en 1999. Aquí, la herencia cultural no se limita a iglesias, balcones y casonas: también se integra a la experiencia de sentarse a la mesa, tomar un café y disfrutar de sabores vinculados con la memoria local, la historia y las tradiciones.
Los paños o macanas elaborados en Gualaceo con la técnica del ikat fueron declarados Patrimonio Cultural Inmaterial del Ecuador en 2015. Su elaboración conserva conocimientos transmitidos durante generaciones mediante procesos de urdido, amarrado, teñido y tejido, especialmente en comunidades como Bullcay y Bullzhún, referentes de esta tradición artesanal.

En La Placita, esta tradición adquiere una lectura contemporánea. Los textiles aportan color, calidez y personalidad al mobiliario, pero sobre todo convierten un elemento artesanal en parte de una experiencia de hospitalidad con identidad territorial.
El entorno acompaña la propuesta. El Hotel Santa Lucía funciona en una casona histórica del siglo XIX, restaurada para conservar su carácter arquitectónico y ofrecer una experiencia dirigida a quienes valoran el confort, la autenticidad y los detalles con historia.

La identidad cuencana también llega a la mesa. Durante las mañanas, La Placita ofrece desayunos tipo buffet con preparaciones como motepillo, huevos, frutas, panes, jugos y bebidas calientes. Parte de la vajilla incorpora además piezas de lata, similares a las utilizadas antiguamente en muchos hogares cuencanos.
La carta mantiene ese vínculo con los sabores tradicionales. Uno de sus platos representativos combina carne de cerdo a la brasa, motepillo, ensalada y empanada de viento. A ello se suman empanadas, postres y opciones de cafetería como americano, capuchino, mocaccino, espresso y el denominado Bombón Morlaco. Detrás de esta propuesta existe también una historia de continuidad.
El chef Alfonso Corte, según la administración, lleva alrededor de 25 años vinculado a esta casa, acompañando la evolución de su cocina y manteniendo una línea gastronómica conectada con los sabores de la región.

Para el viajero que busca algo más que recorrer monumentos, La Placita propone una experiencia en la que patrimonio, diseño y gastronomía dialogan en un mismo espacio.
Visitar Cuenca también es descubrir historias detrás de un tejido, una receta o una antigua casona. La invitación es a hacer una pausa en La Placita del Hotel Santa Lucía, donde la identidad cuencana también se siente, se contempla y se saborea.